Iván Gaona: cine desde el corazón de Santander
Ago
2025
Iván Gaona filma desde Santander con un compromiso destacado. Sus historias nacen del polvo, el acento y las heridas de quienes rara vez protagonizan la pantalla grande. En su cine, la celebración y el dolor se entrelazan con naturalidad, confiando en que los detalles revelan lo esencial de una vida.
El cineasta que volvió a casa
«Me interesa contar lo que casi nadie cuenta de Santander», dice Gaona cuando le preguntan por qué filmar tan lejos de Bogotá. En sus manos, la anécdota del pueblo y los grandes dramas nacionales se encuentran naturalmente. Bailando (2020) revela el absurdo político de una elección cualquiera, mientras Adiós al Amigo (estreno 7 de agosto) reconstruye las fracturas que dejó la Guerra de los Mil Días. Al ver su trabajo, sentimos una invitación a escuchar voces que pocas veces suenan en el cine colombiano.
Iván David Gaona Morales nació en Güepsa en 1980. Primero estudió Ingeniería Civil en la Universidad Industrial de Santander y después estudió Cine y Tv en la Universidad Nacional de Colombia. Antes de dirigir, aprendió el oficio como segundo asistente en Los viajes del viento (2009) de Ciro Guerra y primer asistente en La Playa D.C. (2012) de Juan Andrés Arango, una escuela práctica que le enseñó tanto la complejidad de producir en Colombia como la importancia de contar desde el territorio.
Desde 2010 acumuló más de diez cortometrajes premiados, incluyendo Los Retratos (2012), que obtuvo Mención Especial del Jurado en festivales como Locarno y Cartagena, además del premio a Mejor Cortometraje de la Academia Colombiana de Cine en 2013. Le siguieron El Tiple (2012), Completo (2013), Naranjas (2013), Forastero (2014) y Volver (2015), todos ambientados en entornos rurales santandereanos.
El salto al largometraje llegó con Pariente (2016), que tuvo su estreno mundial en la sección Giornate degli Autori del Festival de Venecia y también se proyectó en Toronto, Varsovia y La Habana. La película incluso fue seleccionada como representante de Colombia para los Óscar 2017, consolidando a Gaona como una de las nuevas voces del cine nacional. Para mantener su independencia creativa fundó La ContraBanda con la productora Mónica Juanita Hernández. Desde Santander y Boyacá impulsan proyectos que cruzan cine, televisión y series, siempre con ese acento regional que los distingue.
Bailando: cuando la democracia se mueve al ritmo de la música
En veinte minutos, Gaona construye una sátira: dos candidatos —Sandro Archila y Camilo Hernández— empatan para el cargo de delegado encargado de organizar los números de baile de la fiesta patronal. Sin tiempo ni recursos para nuevas elecciones, el pueblo decide resolver el empate con un duelo de baile. Nada de discursos grandilocuentes ni tribunales; aquí el poder se gana moviendo los pies al ritmo de papayera.
Esa premisa tan simple revela a manera de sátira cómo las comunidades resuelven sus problemas cuando las instituciones fallan. En redes se destacó cómo con recursos simples Gaona logró construir una sátira potente: “Iván Gaona nos logró resumir, en un cortometraje y con un simple duelo de baile, los problemas de nuestra fallida democracia y lo absurdas que aquí son las elecciones”.
Los personajes encarnan posturas familiares: Sandro parece ser el candidato con propuestas y buenas intenciones, mientras Camilo representa al carismático sin plan claro. «Un candidato sin propuesta, sin diálogo», que gana apoyo a pesar de no tener ideas, mientras Sandro intenta argumentar racionalmente pero «no es escuchado». El resultado es una comedia que hace reír pero también incomoda. En los silencios entre canción y canción se escucha la fragilidad de la democracia, mientras la gente real del pueblo —no actores profesionales— deciden su destino.

Adiós al Amigo: el western santandereano
La nueva película de Gaona transcurre en 1902, al final de la Guerra de los Mil Días. Alfredo Duarte, soldado liberal interpretado por Willington Gordillo, se salva por poco de un fusilamiento y sale a buscar a su hermano desaparecido para darle la noticia de que su cuñada está embarazada. Lo acompaña Benito Pardo (Cristian Hernández), un fotógrafo aficionado que persigue al asesino de su padre. Juntos atraviesan el Cañón del Chicamocha, ese abismo árido de roca donde cada curva del camino recuerda que la guerra sigue doliendo.
Con esta pareja improbable, Gaona dialoga con el western desde una perspectiva local: cambia el polvo de Texas por las rocas santandereanas y sustituye la épica de las pistolas por algo más sutil: la obsesión de capturar rostros en fotografías antes de que el olvido se los lleve. Es un western de la memoria, no de la venganza.
La película inicia con una secuencia poderosa: Alfredo, capturado y acusado de traición por sus propios camaradas liberales, está a punto de ser fusilado. Como última voluntad pide que le tomen un retrato fotográfico para que su futuro sobrino pueda conocerlo. Benito se dispone a hacer funcionar la cámara de cajón y en medio de la confusión que la fotografía genera en los soldados —un aparato novedoso para la época—, Alfredo logra escapar ingeniosamente de la muerte.
La producción se rodó enteramente en escenarios naturales del Cañón del Chicamocha, especialmente en los alrededores de Cepitá, Santander. Los áridos paisajes y abismos del cañón son casi un personaje más en la historia. La película se filmó con gente de la región, música de Edson Velandia y un elenco mayoritariamente santandereano que incluye a Marina Olarte, Yohanini Suárez y Suetonio Hernández, quien encarna al histórico General Rafael Uribe Uribe. Esa autenticidad se siente en cada acento, en cada gesto, en la rudeza honesta de los rostros.
Después de triunfar en festivales de Varsovia y Tokio —donde obtuvo el Premio Especial del Jurado—, y ganar el Premio del Público en FICCI 64, llega a las salas el 7 de agosto, fecha que evoca la Batalla de Boyacá y refuerza el diálogo entre cine e historia patria.
Como han señalado sus creadores, la película es «una historia sobre la amistad, sobre la diferencia, sobre el desarraigo y la traición», que utiliza «convenciones del género western con una base de humor» para abordar la compleja realidad de Colombia. Más allá de cualquier gloria bélica, «las hazañas heroicas pierden su virtud manchadas de sangre y lo único que queda tras la atrocidad es añorar la reconciliación».

Los temas que siempre vuelven
La memoria como acto de rebeldía: La fotografía que Alfredo pide antes de morir muestra que recordar puede ser un gesto político. Como él mismo ha dicho, ve al cine santandereano como «una fuente de memoria colectiva e histórica» para la región.
La dignidad de lo pequeño: Los personajes son campesinos que cuidan gallinas, fotógrafos aficionados, bailarines improvisados. Son héroes de lo cotidiano que encarnan la dignidad subalterna frente a las grandes narrativas del poder.
El territorio como personaje: El paisaje santandereano es un personaje más que impone sus reglas. Gaona celebra las particularidades culturales del territorio —las ferias, la música campesina, el paisaje montañoso— a la vez que reconoce sus cargas históricas: la violencia política, el aislamiento geográfico.
La música como puente entre pasado y presente: Un elemento distintivo del cine de Gaona es cómo la música folclórica forma parte de la identidad regional. Su colaboración con Edson Velandia ha sido clave: el compositor aporta ritmos locales como rumba criolla, corridos y rascas que encapsulan el espíritu santandereano y comentan irónicamente la acción.
Un cine que habla desde los márgenes
Estas historias funcionan como una invitación a mirar de frente tanto la risa como las heridas de Colombia. Las historias que parecen pequeñas a menudo cargan las preguntas más grandes. Un duelo de baile puede decir más sobre la democracia que mil discursos políticos. Una búsqueda entre montañas áridas puede revelar más sobre la memoria nacional que los libros de historia oficial.
Como ha expresado el propio director, hacer cine en Santander significa explorar un «universo aún por descubrir» lleno de historias, acentos, cuerpos, mitos y cuentos que todavía están por contarse. Su visión autoral parte de la idea de que la región tiene voces propias que apenas empiezan a resonar en el panorama cinematográfico colombiano. Bailando sigue disponible gratis en Retina Latina, una perfecta introducción para entender el universo de este director antes del estreno de Adiós al Amigo el próximo 7 de agosto. Al verlas juntas, confirmamos que Gaona ha encontrado su voz: una que suena a Santander pero habla de Colombia entera, una que convierte lo regional en universal sin perder nunca el acento que la hace única.