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Gajes del oficio, de Mariana Gironella

14

Jul
2016

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Evidencia microscópica: cualquier taxi es, en toda sociedad, una zona extraña de representación simbólica de un orden social. El conductor ve pasar gente de todo tipo a lo largo de 10 o 12 horas por día durante una semana, y en su automóvil la polifonía social suena incesantemente. En efecto, el oído del taxista está potencialmente agudizado; sabe escuchar, o al menos puede aprender a hacerlo. Sin duda, es un trabajo físicamente agotador, compensado tal vez por la variedad de pasajeros que pueden ignorar al que está al volante, como también tomarlo como un confesor y un buen compañero de conversación. Sobre esa premisa general se ordena la comedia negra costumbrista de Mariana Gironella. El día en que la hija de Lauro, un taxista, cumple 15 años, el padre tiene que salir a trabajar como siempre. Antes del festejo, la obligación material se impone. En el transcurso del día laboral, un peculiar pasajero subirá al taxi. El film revelará bastante de él, y es suficiente indicar que se trata de un hombre público. De lo que sucede entre el pasajero y el taxista se predica tanto el humor como el suspenso, y Gironella aprovecha muy bien la situación para sumar todo lo que rodea exteriormente al viaje en taxi y así complejizar la mera interacción entre los dos personajes: los contrapicados sobre la ciudad de México y los sonidos callejeros en general constituyen un hallazgo de la puesta en escena que no se limita a ilustrar una trama convencional ligada tanto a la vida doméstica como a la vida política mexicana, caracterizada por la endeble probidad de los funcionarios. La mínima duración de la película no lleva a Gironella a desestimar el trabajo formal sobre el relato; resulta loable asumir que un film no es sólo contar una historia, más todavía cuando se trata de un cortometraje. Por Roger Koza, de OtrosCines.com, para Retina Latina

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