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Ellos, nosotros y la cámara

13

Jul
2017

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Filmar comporta siempre una asimetría. El que está detrás de cámara decide qué mostrar; el que está frente a cámara puede elegir obedecer, resistir, desdecir o simplemente desestimar salir en una película. La relación entre el observador y el observado es siempre problemática.

Para los cineastas latinoamericanos siempre ha sido un dilema entender cómo filmar a aquellos que pertenecen a la sociedad de la que todos son parte, pero que no gozan de los mismos derechos y privilegios. ¿Cómo filmar la vida campesina? ¿De qué modo se captan los rituales de una cultura ancestral casi inconmensurable con respecto a los modos de recepción de los cineastas, que siempre son hijos de la modernidad (europea)?

Estos dilemas son los que enfrentan los directores responsables de La eterna noche de las doce lunas, Poetas campesinos, Matrimonio aymara y Kuychi Pucha. En todos estos casos, los estilos y los modos de aproximación a la otredad difieren. En todas las películas se pueden detectar los pasajes más problemáticos y aquellos que resultan un verdadero hallazgo. No es fácil, y nunca lo será, ya que filmar no es otra cosa que ir hacia un otro al que el lenguaje del cine no puede terminar de atrapar. El cine, ese esperanto óptico, es un humilde experimento por el cual podemos intentar ver el mundo desde una presunta base técnica que iguala a todos.

Roger Koza, de OtrosCines.com, para Retina Latina

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