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El bien esquivo, de Agustín Tamayo San Román

13

Abr
2016

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Película de una ambición casi extinta en el cine latinoamericano actual: relato clásico, reconstrucción meticulosa de época, elenco numeroso, locaciones diversas y una trama que agrupa cuestiones teológicas, antropológicas y románticas que se cruzan con una fluidez manifiesta a lo largo de dos horas y 10 minutos. En nuestro tiempo de relatos minimalistas, miserabilistas y solipsistas, el cuarto film de Agustín Tamayo San Román es una rareza con algunos aciertos indesmentibles de puesta en escena y otras elecciones estéticas que hoy pueden resultar anacrónicas, pero comprensibles en el concepto general de producción. El relato se sitúa en 1816, en Perú. Por un lado, Jerónimo de Ávila busca ser reconocido como legítimamente español por las autoridades del caso, a pesar de su condición de mestizo. Ha peleado por su anhelada patria y para probar su derecho tan sólo necesita una certificación que depende de unos títulos. Por el otro, una monja llamada Inés traiciona secretamente al Altísimo ardiendo por la poesía. Si bien vive como monja de clausura en el Convento de las Cayetanas, su interés por los grandes poetas es mayor que sus ganas de hacerle genuflexiones al Dios que organiza la vida del claustro y la Historia oficial de Perú. Los mejores momentos son aquellos en los que despunta cierta perversidad del cristianismo y su ambivalente pedagogía del amor, algo que se ve muy bien en las distintas intervenciones de un jesuita que suele apuntalar la película en cada aparición. Sus diálogos con Inés son lo mejor de El bien esquivo. El relato reúne tempranamente y por un fugaz instante a Inés y a Jerónimo en el convento y pasará mucho tiempo para que los dos personajes centrales vuelvan a encontrarse. Lo que importa aquí, en última instancia, no es tanto la progresión dramática del relato y su resolución (trágica) sino los elementos constantes que lo sostienen: los contrastes de luz y sombra y la relación dialéctica entre espacios cerrados y abiertos. Es un film que tiene varios planos majestuosos y de hermosura sorprendente. Por Roger Koza, de OtrosCines.com, para Retina Latina

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