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Camilo Restrepo (Colombia) La evidencia de un cineasta

6

Abr
2017

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Camilo Restrepo nació en Medellín en 1975 y desde 1999 vive en París. Tiene en su haber cuatro cortometrajes: Tropic Pocket, Como crece la sombra cuando el sol declina, La impresión de una guerra y Cilaos. No hace falta haber visto los cuatro trabajos del director para entender que es probablemente el cineasta de su generación más interesante, al menos en potencia, de su país (y tal vez del continente). Como sucedió con el argentino Teddy Williams y el boliviano Kiro Russo, dos jóvenes realizadores latinoamericanos cuyos cortometrajes constituían indicios confiables de que allí se prefiguraban nuevos cineastas para la región, Restrepo, que todavía no ha estrenado un largo, insta a creer que él seguirá por el mismo camino. Sus cortos son magníficos, de una sofisticación formal notable y de una relevancia política indudable. Basta ver sus dos últimos trabajos, en cierta manera consagrados en festivales de importancia, para saber que pronto sorprenderá con una obra mayor que afianzará su condición de cineasta. En el continente hay muchísimas películas, pero no todos sus realizadores son cineastas. En La impresión de una guerra Restrepo respeta a fondo el título para identificar la locación en donde la guerra inclasificable que aqueja los últimos 70 años de Colombia deja sus rastros. Los diarios no mienten, pero sus datos son imprecisos; en todo caso, en las fallas, en lo que no se dice, en el desperfecto de un comunicado o en la ilustración de una noticia se pueden intuir las impresiones concretas de un enfrentamiento infinito. En este sentido, Restrepo confía en la huella y en la figura, y no tanto en el signo, para poder leer la Historia, aquella que deja impresiones reales en el cuerpo mismo de los sujetos. Su preocupación en La impresión de una guerra, que no es otra cosa que un ensayo sobre la microfísica de una batalla, es tratar de conjurar el palimpsesto cotidiano o el lugar simbólico en el que se dice algo y se lo sustituye por otra cosa de inmediato para no decir nada u ocultar lo que no se quiere saber del todo. Un cuerpo tatuado de un preso puede ser el indicio de algo más; las grabaciones de los propios soldados, más allá de sus intenciones de representación, pueden suministrar la imagen que falta para descifrar los datos de una guerra. No hay respuestas precisas, pero sí existe un trabajo cinematográfico riguroso para forjar un concepto: la imagen y el sonido en el cine pueden inducir a formular preguntas sobre cómo filmar la Historia y qué tipo de representación es la más eficaz para interrogar la violencia política. La impresión de una guerra es una película notable por ser capaz de enunciar el problema político de toda imagen. Lo mismo sucede con el inclasificable film reciente de Restrepo, titulado Cilaos, en el que la cantante reunionés Christine Salem interpreta a una joven que promete a su madre moribunda ir a ver a su padre adinerado, a quien no conoce, para que le dé un dinero que le corresponde; aparentemente, el progenitor fue siempre un verdadero canalla, pero no habrá posibilidad de saberlo del todo, porque la mujer descubrirá de inmediato, por un hermanastro del que desconocía la existencia, que su padre también ha muerto. En el film, Salem cuenta la historia cantándola; los planos frontales fijos sobre el rostro de la cantante son enigmáticos y de una belleza manifiesta. En efecto, el heterodoxo expresionismo de la puesta en escena opera como un hermoso extrañamiento frente al tema central, en el que el cuento evoluciona a medida que Salem y otros personajes entran en el encuadre y se avanza en el drama que aflige al personaje. Si la muerte es el fuera de campo absoluto de todo lo que resulta filmable, el film pretende desconocer la imposibilidad de ese registro y establecer un imaginario ida y vuelta entre los vivos y los muertos. La contundencia de la belleza de ese juego siniestro es indesmentible, pues la impresión física de la luz y el cuerpo de la cantante son demasiado reales para no querer creer en lo que la letra de la canción enuncia, gracias a una tradición que poco tiene de positivista y cuyas creencias pueden ser sospechadas de inadmisibles. La fuerza de las imágenes se impone por el propio peso de su forma. Es una maravilla. Tarde o temprano volveremos a hablar de Restrepo. Entre todos los cineastas de la región, es él quien más promete hacer el film que nadie espera. Por Roger Koza, de OtrosCines.com, para Retina Latina
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