La creación audiovisual en tiempos de IA: entre la memoria y la imaginación
Sep
2026
Frente a la estandarización algorítmica y las promesas de la tecnología dominante, la creación audiovisual contemporánea encuentra en el Sur Global un terreno fértil para rescatar la libertad creativa
La quinta sesión de las Lecciones de Cine 2026, liderada por la artista, cineasta y gestora cultural Johana Botero, articuló su experiencia en los campos de la memoria histórica, el audiovisual expandido y las tecnologías colaborativas, para reflexionar sobre la creación audiovisual en tiempos de inteligencia artificial. La conversación nos propuso pensar el uso práctico de la IA y sus implicaciones estéticas y políticas, la naturaleza no neutral de las infraestructuras de datos, la potencia creativa del error y la “alucinación”, así como las preguntas urgentes sobre la sostenibilidad del modelo tecnológico dominante y el papel irrenunciable de la decisión humana en los procesos de creación.
Johana nos propone, en este contexto, transitar del uso pasivo de la tecnología hacia una apropiación crítica sustentada en la comunalidad digital y en los laboratorios ciudadanos. Inspirada en su experiencia como coordinadora del Medialab de la Cinemateca de Bogotá, entiende estos laboratorios como formas de encuentro, colaboración y experimentación abierta. En ellos, cualquiera puede participar y aportar desde sus propios conocimientos, bajo la premisa de que nadie lo sabe todo, pero todos tenemos algo que aportar. De este modo, el error y los hallazgos fortuitos dejan de ser obstáculos para convertirse en parte esencial del proceso creativo, mientras se desdibuja la figura tradicional del autor/a y del experto/a. Esta perspectiva se vincula con la experiencia de Johana dentro del cine expandido, entendido como una práctica audiovisual que va más allá de la pantalla convencional hacia experiencias inmersivas, corporales y de narrativas no lineales. En este desplazamiento, la audiencia pasa a ser participante y co-creadora, de manera que expandir el cine significa también preguntarnos quién cuenta las historias, desde dónde y mediante qué herramientas.
Uno de los aportes teóricos centrales de la sesión consistió en desmontar el mito de la neutralidad tecnológica. Detrás del lenguaje matemático y de los modelos estadísticos existen decisiones humanas, económicas, históricas y políticas. Apoyándose en las lecturas de Lev Manovich e Hito Steyerl, Johana insistió en señalar que la aparente objetividad de los algoritmos en realidad evita cuestionar con qué datos fueron entrenados los modelos y quién decidió cómo clasificarlos. Por ejemplo, en el caso de grandes datasets como LAION-5B, la extracción masiva de imágenes de internet ha requerido posteriormente del trabajo humano para clasificarlas y filtrarlas, en ocasiones exponiendo a trabajadores/as del Sur Global a contenidos traumáticos, como violencia, pornografía o suicidio, sin que necesariamente existan garantías sobre el impacto de estas labores en las personas que las realizan.
La revisión de la historia de los datasets canónicos también permite advertir cómo prejuicios históricos de raza, género y clase pueden reproducirse en las tecnologías contemporáneas. Johana, retomando Excavating AI, de Kate Crawford y Trevor Paglen, señaló el papel de infraestructuras como ImageNet y recordó que muchas de estas arquitecturas de datos fueron diseñadas desde instituciones y corporaciones del Norte Global. Incluso determinadas categorías arrastran antecedentes relacionados con las ideas eugenésicas desarrolladas durante el siglo XIX y utilizadas posteriormente por los fascismos del siglo XX. Así, los modelos no sólo aprenden de un archivo cultural, sino también de las formas históricas mediante las cuales ese archivo ha sido clasificado. Para América Latina, esto plantea un problema particular, pues nuestras culturas pueden aparecer subrepresentadas, mal documentadas o interpretadas desde miradas externas, con el riesgo de reproducir imaginarios estereotipados.
Para contrarrestar estas dinámicas de invisibilización o tergiversación, Johana presentó diversos proyectos en los que ella misma participa, basados en licencias abiertas, creación colectiva y preservación de la memoria:
- Proyecto Genia: Realizado desde el Medialab de la Cinemateca de Bogotá, junto con un laboratorio ciudadano del barrio Buenos Aires de Medellín y el Centro de Artes Inmersivas de Leipzig, en el marco del Ciclo Rosa. A partir del Manifiesto Cyborg de Donna Haraway, alrededor de cincuenta participantes de perfiles diversos exploraron las relaciones entre tecnología, humanidad y género. En lugar de limitarse a utilizar un chatbot, trabajaron con un script en Python y el modelo de código abierto Stable Diffusion, buscando comprender, al menos parcialmente, los procesos algorítmicos involucrados en su proceso creativo. El resultado fue una experiencia colectiva de imágenes, sonido 3D, pantallas reactivas y otras piezas audiovisuales. Incluso los prompts utilizados durante la creación fueron exhibidos públicamente en un panel LED denominado “tótem”, como una forma de hacer visible el proceso creativo y no únicamente su resultado.
- Talleres de Naturaleza Especulativa: A partir de repositorios abiertos como Wikimedia Commons, se construyeron colecciones fotográficas sobre la biodiversidad colombiana y se trabajó colectivamente en su curaduría. El propósito fue también utilizar esos materiales para realizar procesos de fine-tuning sobre modelos generativos y especular acerca de nuevas especies. De esta manera, la construcción de un dataset, partiendo del repositorio fotográfico, se convierte también en una práctica creativa donde aquello que se decide documentar, describir y compartir, contribuye a determinar qué podrá ser posteriormente imaginado por humanos y máquinas.
- Proyecto Endogenetics: El proyecto propone aprovechar el error y la alucinación como recursos creativos dentro de la IA. Frente a la tendencia industrial de producir imágenes artificiales cada vez más “realistas”, Johana propone producir imágenes de maneras distintas a las previstas por los modelos generativos. Para ello, esta investigación aprovecha la idea de que los modelos producen imágenes mediante una progresiva eliminación del ruido, y por tanto, al “jugar” con el ruido y el error podemos conducirnos a otros resultados creativos a través de los mismos modelos generativos. En los talleres de “alucinaciones colectivas”, por ejemplo, los participantes escriben textos espontáneos y los someten a sucesivas traducciones y retraducciones mediante modelos de lenguaje. De este proceso surgen palabras, imágenes y asociaciones inesperadas que luego se incorporan a la creación colectiva. Así, Endogenetics convierte los errores y desvíos de la inteligencia artificial en parte del proceso artístico.
- Proyecto 6402+ (Documental Expandido): Este proyecto constituye una de las aplicaciones más contundentes de los datos como forma de memoria viva. A partir de los documentos judiciales de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en Colombia, se está construyendo colectivamente un dataset organizado en Wikidata, sobre las víctimas de los llamados “falsos positivos”. Cada registro cuenta con identificadores y referencias que permiten relacionar los datos con los documentos judiciales que los sustentan. De este modo, la infraestructura digital funciona también como una herramienta frente a la desinformación y el negacionismo: se trata de afirmar la existencia de las personas que hacen parte de esa historia. El proyecto dialoga, además, con el colectivo de madres de MAFAPO (Madres de Falsos Positivos de Soacha y Bogotá), acompañando la preservación y catalogación de un archivo construido durante dos décadas de activismo. La iniciativa demuestra así que los datasets también pueden ser construidos, curados y utilizados por la sociedad civil para dignificar a las víctimas y producir nuevas narrativas.
A la par de estos ejercicios, la sesión advirtió sobre una contraparte degradada de la relación entre IA, imaginación y cultura digital con el denominado AI Slop y la tendencia del Brainrot. La proliferación de contenidos absurdos y autogenerados, reproducidos hasta el infinito en redes y plataformas, puede ser utilizada de manera acrítica para saturar la imaginación. La diferencia entre la alucinación poética colectiva y esta forma de sobreestimulación reside, en buena medida, en la intencionalidad. Mientras la primera busca desestabilizar las convenciones para abrir nuevas posibilidades de pensamiento, la segunda puede terminar convirtiéndose en un circuito de consumo repetitivo que erosiona la capacidad crítica. De ahí la importancia de desentrenar nuestra mirada también frente a nuestros propios hábitos de consumo y creación.
En el tramo final del debate, la sesión abordó la dimensión socioeconómica y ecológica de las llamadas Big Tech. A partir de los planteamientos de Cory Doctorow, Johana cuestionó la idea de que la aceleración tecnológica sea un destino inevitable y que debamos incorporarnos a ella simplemente por miedo a quedarnos atrás. El llamado aceleracionismo, asociado a ciertos discursos en estas industrias, propone apurar las transformaciones tecnológicas y económicas sin detenernos demasiado en sus consecuencias. Frente a esta lógica, la ponente nos llama a pensar en la sostenibilidad real de las infraestructuras que soportan estos modelos, tanto por sus costos económicos como por el impacto ambiental de los centros de datos. El desarrollo apresurado y desmedido genera burbujas económicas que nos recuerdan que no toda promesa tecnológica tiene la capacidad de proyectarse en el tiempo. Más que asumir la inevitabilidad del proceso, la discusión invitó a preguntar qué modelos de desarrollo tecnológico queremos sostener y cuáles son los costos que estamos dispuestos a asumir.
Frente a la tentación de delegar la memoria, la imaginación y el pensamiento en arquitecturas de datos cerradas, la apuesta que propone la sesión se centra en la construcción de infraestructuras de datos comunitarias, transparentes y abiertas. Los proyectos presentados muestran que trabajar con IA también puede implicar construir datasets, preservar archivos, abrir códigos, compartir conocimiento, etc. De esta manera, para estallar la burbuja del determinismo tecnológico, debemos comprender que los datos son también estructuras políticas y que, como insiste Johana, el error puede ser un lugar fértil para imaginar aquello que todavía no existe.